ONU Mujeres presenta agenda de políticas para transformar las economías y lograr que la igualdad de género sea una realidad

  • El informe propone una visión de la economía que incluya a las mujeres y beneficie a la sociedad en su conjunto.
  • Es presentado en simultáneo en 7 ciudades. México es la sede del lanzamiento para América Latina y el Caribe.
  • Fecha: lunes, 27 de abril de 2015

    Luiza Carvalho habla durante la presentación del informe “El progreso de las mujeres en el mundo 2015-2016: transformar las economías para realizar los derechos” (Foto: ONU MUjeres / Gustavo Benitez)
    Luiza Carvalho, Directora Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe, durante la presentación del informe “El progreso de las mujeres en el mundo 2015-2016: transformar las economías para realizar los derechos” (Foto: ONU Mujeres/Gustavo Benítez)

    México – ONU Mujeres presenta hoy su informe emblema: “El progreso de las mujeres en el mundo 2015-2016: transformar las economías para realizar los derechos”. El lanzamiento global se realiza simultáneamente en siete ciudades del mundo: Alejandría, Bangkok, Ciudad de México, Londres, Nairobi, Nueva York y Sídney.

    El informe pone de relieve cómo las economías han fallado en garantizarles a las mujeres su empoderamiento y el pleno ejercicio de sus derechos económicos y sociales, tanto en países ricos como en países pobres. Plantea además que la transformación de las economías para lograr que los derechos de las mujeres sean una realidad es posible mediante la formulación de políticas económicas y de derechos humanos que promuevan cambios de gran alcance.

    En el informe, ONU Mujeres presenta la visión de una economía mundial en que las mujeres tengan acceso igualitario a los recursos productivos como el empleo de calidad,  el crédito, la tecnología o la propiedad; a la protección social, incluyendo servicios de cuidado, y que también les garantice ingresos suficientes para lograr un nivel de vida adecuado. Esta visión eliminaría los estereotipos sobre lo que las mujeres y los hombres pueden y deben hacer y garantizaría que las mujeres puedan trabajar y vivir sin sufrir violencia.

    Para ello, basado en evidencia y ejemplos de políticas que ya están produciendo cambios, el Informe presenta 10 recomendaciones clave para avanzar hacia una economía que asegure a las mujeres su empoderamiento y el ejercicio de sus derechos y, además, sea beneficiosa para la sociedad en su conjunto y para el desarrollo sostenible en cada país y en el mundo.

    Sin embargo, los datos y análisis presentados revelan que esta visión aún está muy lejos de la realidad. A nivel mundial, sólo la mitad de las mujeres forma parte de la fuerza laboral, en comparación con las tres cuartas partes de los hombres. La participación de las mujeres de América Latina y el Caribe en el mercado de trabajo experimentó el mayor aumento entre todas las regiones a nivel global –de 40 a 54 por ciento entre 1990 y 2013; pero aún muy lejos de la participación de los hombres (80%). Adicionalmente,  en la región, el 59 por ciento de los empleos de las mujeres se ubica en el sector informal, sin amparo de la legislación laboral ni protección social, al tiempo que 17 de cada 100 mujeres latinoamericanas económicamente activas son trabajadoras domésticas remuneradas.

    El informe también pone de relieve las brechas persistentes en las remuneraciones de hombres y mujeres: a nivel mundial  las mujeres cobran en promedio un 24 por ciento menos que los hombres; en América Latina y el Caribe esta cifra es del 19 por ciento.

    Ana Güezmes en la presentación del informe “El Progreso de las Mujeres del Mundo 2015-2016: Transformar las economías para realizar los derechos” en la Ciudad de México. (Foto: ONU Mujeres/Gustavo Beníte)z
    Ana Güezmes, Representante de ONU Mujeres en México, durante la presentación del informe “El Progreso de las Mujeres del Mundo 2015-2016: Transformar las economías para realizar los derechos” en la Ciudad de México. (Foto: ONU Mujeres/Gustavo Benítez)

    Entretanto, el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado sigue recayendo de manera desproporcionada sobre las mujeres. En los países de la región que cuentan con encuestas de uso del tiempo, se evidencia que las mujeres realizan entre dos y cinco veces más trabajo de cuidados y doméstico no remunerado que los hombres, lo que les limita sus oportunidades educativas, laborales y les deja menos tiempo para el descanso, ocio o participación política.

    El informe resalta además la necesidad de incrementar las inversiones en servicios sociales accesibles, asequibles y sensibles al género para reducir la pobreza y la desigualdad. “Nuestros recursos públicos no se dirigen allí donde son más necesarios: por ejemplo, para garantizar agua segura y saneamiento, atención sanitaria de calidad y servicios de asistencia decentes para la infancia y las personas de edad avanzada. Cuando no existen servicios públicos, las carencias recaen principalmente en las mujeres y las niñas”, afirmó la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka. “Esta falta de servicios (…) afecta a miles de millones de mujeres en todo el mundo. Necesitamos políticas que faciliten que tanto las mujeres como los hombres puedan cuidar de sus personas queridas sin tener que sacrificar su propia seguridad económica, prosperidad e independencia”.

    En el informe, ONU Mujeres sostiene que una economía diseñada tomando en cuenta las necesidades de las mujeres, les proporcionaría igualdad a la hora de influir en la toma de decisiones económicas: desde la manera en la que se invierte el tiempo y dinero en sus hogares o cómo se reúnen y asignan los recursos a nivel nacional, hasta el modo en que se establecen los parámetros económicos más generales por parte de instituciones mundiales.

     “Las políticas macroeconómicas pueden y deben respaldar el cumplimiento de los derechos de las mujeres, creando economías dinámicas y estables, generando empleos decentes y movilizando recursos para financiar servicios públicos esenciales,” señala Carvalho. “Los gobiernos deben ir más allá de antiguas métricas de crecimiento como el PIB y la baja inflación, y, en cambio, cuantificar el crecimiento en términos de cumplimiento de los derechos humanos”, puntualizó.