“Beijing transformó mi forma de ejercer la diplomacia y de concebir el mundo; entendí que el feminismo también era mío”

A treinta años de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, la diplomática mexicana Yanerit Morgan recuerda cómo aquella experiencia transformó su mirada sobre la igualdad, la maternidad y el poder de lo colectivo.

 

 

Fecha:

Yanerit Morgan, diplomática y académica mexicana

Foto: ONU Mujeres México

 

La campaña #PorYParaTodas es un llamado a la movilización en el marco del 30.º aniversario de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing.

 

En 1995, Yanerit Morgan era una joven diplomática mexicana destinada en la Misión Permanente ante las Naciones Unidas, recién iniciada en los temas multilaterales y madre de una niña pequeña. Le habían asignado los temas de la Tercera Comisión, que incluye derechos humanos y adelanto de las mujeres, pero no imaginaba que esos asuntos llegarían a tocar fibras tan personales.

 

“Antes de Beijing, no tenía una conciencia de la agenda de igualdad de género”, recuerda. “No sentía que fuera tan importante tener una conferencia específica para hablar del adelanto de la mujer”. Había participado en otros procesos, como la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en Viena (1993) o las negociaciones previas a la Conferencia de Población y Desarrollo en El Cairo (1994). Pero algo en Beijing fue distinto. Y fue personal.

 

Una maternidad lejos de los discursos

 

Cuando viajó a Beijing, su hija tenía cuatro años y vivía con ella y su esposo en Nueva York. Dos semanas estaría alejada de su familia. No había internet, ni celulares, y comunicarse desde China era costoso y complicado.

 

“Durante la conferencia, mi hija se enfermó de varicela. Mi marido tuvo que pedir permiso para cuidarla y, cuando regresé, ya no tenía trabajo”, cuenta con serenidad. “Sentí que los había abandonado. Como que no había cuidado bien de mi hija. Porque siempre el costo para las mamás es mayor que para los papás”.

 

Yanerit Morgan, diplomática y académica mexicana

Foto: ONU Mujeres México

 

Fue en ese cruce de responsabilidades —la profesional y la familiar— donde comenzó a decantar algo más profundo. “Esos obstáculos, ya cuando estuve en Beijing, los sentí muy presentes. Me di cuenta de que era una agenda que valía mucho la pena impulsar, y también una agenda personal”.

 

Entre negociaciones, activistas y líneas rojas

 

La delegación mexicana era amplia, plural y, por momentos, difícil de contener. Funcionarias públicas, legisladoras, activistas feministas, representantes conservadoras… “Había una gran movilización de mujeres y aprendí muchísimo en los pasillos, en las cenas, en las conversaciones informales”, recuerda. “Platicar con figuras como doña Ifigenia Martínez me ayudó a entender los desequilibrios estructurales desde una perspectiva más amplia”.

 

También hubo tensiones políticas. Algunas representantes simpatizaban con posturas conservadoras. Una de ellas incluso tomó la palabra en una sesión cerrada —sin autorización— para declarar que México se oponía a los derechos sexuales y reproductivos. El equipo oficial tuvo que intervenir para corregir la posición.

 

Yanerit Morgan, diplomática y académica mexicana

Credencial oficial de la Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995 / Foto: Archivo personal de Yanerit Morgan

 

 

Programade la Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995

Acreditación a la Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995 / Foto: Archivo personal de Yanerit Morgan

 

 

Acreditación a la Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995

Acreditación a la Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995 / Foto: Archivo personal de Yanerit Morgan

 

 

Pero los roces no eran solo entre grupos de distinta ideología. Lo eran también frente a las presiones internacionales. Uno de los momentos más relevantes fue cuando México decidió no presentar reservas a ningún párrafo de la Plataforma de Acción. “Muchas delegaciones sí lo hicieron, especialmente sobre salud sexual y reproductiva”, recuerda. “Nosotras, desde Cancillería, fuimos a decir que no había ningún párrafo contradictorio con la Constitución ni con nuestra política exterior. Y que por eso no debíamos reservarnos nada”.

 

La decisión, señala, fue valiente. “En ese ambiente, con tanta presión, mantenerse firmes fue muy importante”.

 

Lo personal también se negociaba

 

A Morgan le tocó otra negociación especialmente compleja: una propuesta que buscaba definir el papel central de la mujer como madre y núcleo de la sociedad. “Intentamos equilibrar el párrafo, pero no hubo manera. Se terminó eliminando. Y eso tuvo un costo”.

 

Unos días después, recibió críticas directas en medios conservadores. La acusaban de querer borrar la maternidad del documento. “Yo, siendo madre, y viviendo lo que viví en ese viaje… Fue muy injusto. Pero fue parte de lo que me marcó. Para mí, esa conferencia fue un parteaguas”.

 

 

Desplegado en medios en el que se criticaba la postura progresista de la delegación mexicana en la Conferencia de Beijing (1995)

Desplegado en medios en el que se criticaba la postura progresista de la delegación mexicana en la Conferencia de Beijing (1995) / Foto: Archivo personal de Yanerit Morgan.

 

 

Festejo patrio en tierras chinas

 

Beijing coincidió con el Día de la Independencia de México. El 15 de septiembre, el embajador Luis Wybo organizó una fiesta patria para la delegación. Acudieron funcionarias y representantes de la sociedad civil, entre ellas Eugenia León, que había participado en el foro paralelo.

 

Yanerit Morgan (al centro) con integrantes de la delegación mexicana que asistió a la Conferencia de Beijing (1995)

Yanerit Morgan (al centro) con integrantes de la delegación mexicana que asistió a la Conferencia de Beijing (1995) / Foto: Archivo personal de Yanerit Morgan.

 

 

Yanerit Morgan en su visita a China en 1995
Yanerit Morgan en su visita a China en 1995

Yanerit Morgan en su visita a China en 1995 / Foto: Archivo personal de Yanerit Morgan.

 

 

“Llegar al 15 a la fiesta realmente nos relajó mucho. Veníamos con toda la adrenalina. Fue un momento de celebración, de cierre. Ya regresamos muy satisfechas, muy contentas”.

 

Lo que Beijing dejó

 

Treinta años después, Morgan reconoce los avances que se han logrado en México: paridad constitucional, una presidenta mujer, avances legales en derechos sexuales y reproductivos. “En 1995 no me imaginaba nada de eso. Pensé que quizás moriría sin ver una presidenta en mi país”.

 

Pero también señala retrocesos. “Cuestionamientos al concepto de género, retrocesos en la despenalización del aborto en varios países, conflictos armados donde la agenda de mujeres sigue completamente marginada… Y algo que me preocupa mucho: el debilitamiento de los movimientos feministas por falta de fondos”.

 

Desplegado público firmado por asistentes mexicanas a la Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995

Desplegado público firmado por asistentes mexicanas a la Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995 / Foto: Archivo personal de Yanerit Morgan.

 

 

Aun así, considera que la Plataforma de Acción de Beijing sigue vigente. “No hemos podido convocar otra conferencia porque no hay condiciones. Incluso se ha dicho que si se hiciera una ahora, podría significar un retroceso. Por eso debemos defender lo que se logró entonces”.

 

Una nueva trinchera: el aula

 

Después de retirarse del Servicio Exterior Mexicano, Morgan volvió a las aulas. Es egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y hoy coordina un diplomado en política exterior feminista en la FES Acatlán.

 

“Quiero retribuir lo que la universidad me dio. Y también compartir lo que viví. Muchas alumnas no conocen la historia de Beijing. Y es importante que la conozcan, porque esa historia sigue viva”.

 

A las que vienen

 

Para las nuevas generaciones, tiene un mensaje claro: “Que se involucren. Que aprendan de lo que pasó y de todo lo que ha pasado desde entonces, para que puedan seguir luchando por sus derechos. La agenda no se mueve sola”.

 

Treinta años después, el eco de Beijing no se ha apagado. En muchos sentidos, apenas empieza a escucharse en nuevas voces.